
Mientras miles de pubs cierran cada año en el Reino Unido, nosotros llevamos más de catorce años construyendo uno en un pequeño pueblo de Navarra, alejado de la urbe y rodeado de una naturaleza espectacular.
El pub es el salón de una casa rural situada en Ganuza, un pueblo de Navarra de 45 habitantes. Es el resultado de una larga y penosa rehabilitación de los edificios anexos a la casa de mis padres. Responde a un viejo sueño de juventud que inicié a una edad tardía.
Trabajamos durante años para sacar adelante el proyecto. Se hizo sin financiación externa, de ahí la dilatación de las obras en el tiempo. Tardaremos más de 14 años en poner el último detalle de la casa. En el empeño creo que he perdido algo, aunque no estoy seguro qué.
La idea del pub surgió del consultor Alberto Ipas, de la empresa Ocio Verde. Nos sugirió transformar lo que iba a ser uno de los salones, 48 m2, en un pub inglés, un espacio donde sentarse sin prisa, conversar durante horas y disfrutar de una cerveza en compañía. Este sería el elemento diferenciador con el resto de casas rurales de Navarra.
El nombre del pub y la casa rural se lo debemos al caducado Bard, la IA de Google. Le pedimos que nos ayudara con un nombre y nos dio cuatro alternativas, nos quedamos con El Rincón Inglés.
Nos gustaba mucho Zologorri Taldeak, porque es un nombre vasco y porque suponía, de alguna manera, una extensión de Casa Zologorri. Sin embargo, pensamos que El Rincón Inglés sería más fácil de recordar para quienes nos descubrieran por primera vez.
Casi todo el material utilizado en la decoración son elementos comprados a través de los portales de segunda mano. Las herramientas que más hemos utilizado son sierras, destornilladores y brochas.
No estoy muy seguro con el resultado. He visto un montón de fotografías de pubs nacionales, todos han sido realizados por empresas especializadas. Algunos elementos los hemos intentado copiar, otros nos han servido para inspirarnos, y otros, simplemente, no los hemos incorporado porque no hemos sabido hacerlo.
Han sido más de 14 años, miles de kilómetros, yo vivo en un pueblo de Zaragoza. Casi todos los viernes salía de trabajar y me dirigía al pueblo. El sábado regresaba para estar con los amigos. He sufrido accidentes, algunas caídas, mucho miedo, sobre todo en el andamio, agotamiento y, a veces, desesperación cuando comprobaba, día a día, que esto no tenía fin.
Aún seguimos trabajando, pero nos falta muy poco. Cuando acabemos, haremos fotografías, contemplaremos con placer la fachada de rojo carruaje, las paredes cubiertas de cuadros, la barra de bar o las lámparas industriales.
Cuando todo termine, me sentaré en una de las mesas del pub, pediré una cerveza y miraré alrededor. Me sentiré el primer huésped del pub, un huésped envejecido y cansado. Entonces me haré la misma pregunta que me llevo haciendo años: ¿ha merecido la pena? Probablemente responderé que sí. Después de catorce años, tampoco me puedo permitir otra respuesta.
