
El Pastor de Lokiz: realismo mágico en la Sierra de Navarra
En las laderas de la Sierra de Lokiz, donde la naturaleza se funde con el silencio, nació una historia que parece real pero suena a leyenda. El Pastor de Lokiz vivió entre cabras, tormentas y atardeceres, acompañado siempre por una flauta y un cuaderno. En su vida cotidiana se mezclaban lo tangible y lo mágico, hasta confundirse con la propia sierra. Este relato es un ejemplo de realismo mágico navarro, donde la memoria personal se convierte en mito.
Infancia en Ganuza y partida hacia la ciudad
Con nueve años tuvo que dejar el pueblo de Ganuza para estudiar en un colegio de la capital. No quería marcharse. Sus padres sufrieron al dejarlo en aquel edificio lleno de niños. Durante tres días lloró sin consuelo, hasta que el padre Xabier logró que el silencio sustituyera los sollozos.
El refugio de los libros y la flauta
En el colegio nunca fue brillante, pero allí descubrió dos pasiones que lo acompañarían toda su vida: la lectura y la flauta dulce. Sin embargo, su gran deseo era volver en vacaciones a su pueblo y sumergirse en su verdadera vocación: cuidar cabras en la Sierra de Lokiz.
Regreso al pueblo y vida en la sierra
Cuando terminó el bachiller decidió quedarse con el ganado familiar. Se preparó para su primera jornada de pastoreo con una mochila cargada de pan, queso, un libro, un cuaderno y su flauta. Al llegar a la Sala de los Pastores, entre riscos y cabras, sintió que por fin había encontrado su lugar.
Tormentas en el barranco de Zologorri
En una ocasión, una tormenta lo obligó a guarecerse en el corral de Andueza, con las cabras y su perro Adi. La música de su flauta calmó al rebaño en medio del estruendo. A partir de entonces decidió rehabilitar el corral de Orokieta, en el barranco de Zologorri, un espacio donde vivir y resistir al paso del tiempo.
Una vida fundida con Lokiz
Con los años, su contacto con el pueblo se redujo y su vida se integró por completo en la naturaleza. Su refugio eran las cabras, el cielo, los atardeceres y la música. Se convirtió en parte de la sierra, un habitante eterno de Lokiz.
El hallazgo del cuaderno
Muchos inviernos después, un curioso llegó al corral. Encontró maleza, piedras y una vieja mochila. Dentro, un cuaderno lleno de anotaciones sobre plantas, insectos y reflexiones. En la última página, una despedida:
“Estoy casi ciego, apenas oigo, he despedido a mis cabras para que encuentren su espacio en la sierra. Me voy a un rincón apartado en busca de una nube de algodón.”
El recuerdo del Pastor de Lokiz
Hoy todavía puede verse, en la senda que atraviesa el barranco de Zologorri, una piedra grabada con las palabras:
“Aquí vivió el Pastor de Lokiz.”

Y aunque su vida se fundió con la sierra, las huellas de aquel tiempo aún laten en los caminos, cuevas y corrales que guarda el barranco de Zologorri. Quien se adentra hoy en estos senderos no solo camina por la naturaleza, también pisa la memoria de quienes la habitaron.
Tras las huellas del Pastor de Lokiz 🐐🌄
El relato del Pastor de Lokiz no es solo literatura: también es un eco de la vida real en la Sierra de Lokiz, donde aún se conservan vestigios de la tradición pastoril.
En el barranco de Zologorri se encuentran huellas silenciosas de aquel tiempo:
- Cuevas naturales donde los pastores guardaban alimentos y se refugiaban de las tormentas.
- Antiguos corrales de piedra, hoy cubiertos de maleza, que servían para proteger al ganado.
- Balsas de agua y abrevaderos, todavía en pie, donde el ganado se acercaba para saciar la sed.
- Senderos que conectan riscos, pastizales y bosques, donde todavía se percibe la memoria de quienes habitaron la sierra.
Hoy, recorrer estos caminos es una experiencia única: no solo para disfrutar de la belleza natural de Lokiz, sino también para imaginar la vida sencilla, dura y mágica de quienes la habitaron.
👉 Con la ayuda de los vecinos y conocedores de la zona, como los más veteranos del pueblo, aún es posible redescubrir esos rincones escondidos que hablan de otra época.
